En el subsuelo del Museo Arqueológico de Tárraco se esconde un tesoro de gran valor histórico: un fragmento de la muralla romana del siglo II a.C., declarado Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN).
El objetivo de la restauración ha sido consolidar la estructura y mejorar su legibilidad sin alterar su esencia. Para lograrlo, se han seguido los criterios de intervención mínima y máxima reversibilidad, asegurando que cualquier acción sea respetuosa con la autenticidad del conjunto.
Procesos de restauración
Durante el proceso, se han reparado fisuras y estabilizado sillares que presentaban fracturas y pérdida de material, especialmente aquellos más erosionados. También se ha realizado un saneamiento general de las superficies con tratamiento biocida y eliminación de eflorescencias salinas. La función estructural de los estribos se ha restituido para garantizar la estabilidad de todo el conjunto.
Un sistema cromático para entender la historia
Para facilitar la comprensión del fragmento restaurado, el proyecto diseñado por el MNAT ha optado por un sistema cromático que ayuda a interpretar la estructura. El color rojo identifica la zona original de la muralla, el color marfil marca la dirección en la que continuaban los muros y el color gris indica el interior del recinto amurallado. Esta solución permite a los visitantes visualizar cómo se articulaba la muralla y comprender mejor su función defensiva y urbana.
Preservando el legado de Tárraco
Esta intervención ha sido una oportunidad única para poner en valor un elemento fundamental de la historia de Tárraco, garantizando su conservación e integrándolo dentro del recorrido visitable del museo. De este modo, se refuerza el compromiso con la preservación del patrimonio y se permite a los visitantes acercarse a la riqueza histórica de la ciudad con una nueva perspectiva.